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CUENTO

El bebé / Lorenzo León

Lorenzo León

Tachas 378
Tachas 378
El bebé / Lorenzo León


Entre las sábanas, queriendo dormir sin lograrlo, este pensamiento mantenía ocupado a Ernesto: los hijos producen una ternura orgánica. Es una ramificación del cuerpo femenino que se abre entre la carne sangrienta, con llanto de gato. Qué sonido tan agudo es el grito de la existencia... De repente, el llanto cesó. María se lo había pegado al seno grande, blanco, refulgente como una fruta para los labios que acordonaron el pezón y succionaban desesperados la sustancia que lo empezaba a hacer crecer. Afuera todo estaba tranquilo. En la oscuridad el viento sacudía las sombras.

La voracidad había reemplazado al grito de hambre. Tragaba. María constreñía el rostro porque la boca desdentada le había estrellado la carne.

Ernesto podía dormir ahora. El cansancio aflojó sus músculos y lo tendió en el vacío, pero algo continuó sujetándolo al mundo y era precisamente eso tan elemental, aquella voracidad naciente. La noche se agrió. Palpitaron los resplandores de una tormenta eléctrica. Del cielo saltó una humedad sin agua y se enfrió la pieza. Los hombros desnudos de María se helaron y no era posible echarse el chal, pues el pequeño no le permitía un movimiento. La luz de la lámpara descubría la frente del pequeño (como si fuera una raíz emergente), sus cabellos largos –desconcertante para su edad-, la nariz pequeña, como una protuberancia dibujada, y sus labios rojos prendidos al seno que rasguñaba con sus uñas que cristalizaban rápido.

En el reloj las manecillas marcaban con lentitud. En la pálida espalda de María se tatuó un relámpago y en la ventana se precipitó el ansia del cielo, como si fuese una multitud de viejas coléricas. Y el chicuelo parecía estar muy contento de que así fuera la noche, terca y solitaria, y exigía más el líquido amarillento que empapaba sus labios. María se dobló de cansancio. El reloj ticteaba y nadie podía llenar ese estómago.

El cuello de María, inclinado, destacaron sus vértebras. El cabello de desgajó sobre su palidez anémica. Y mientras, el chico se ahogaba al salirle leche sangrienta por la nariz en su desesperada deglución. De las cobijitas saltaron sus pies y su movimiento frenético amenazaba crecer con un vigor desconocido. Los brazos de María colgaban, y se perdían en la sombra. La piel de sus senos se estaba agrietando y el niño había reventado el fajero y los listones de la chambrita. Decididamente María estaba vacía, pero el chicuelo había aprendido a morder.

La lluvia había cesado. La atmósfera helada-húmeda se estaba coagulando en una neblina pulcra e impenetrable. Los filos de su boca machacaban la carne como los cachorros. La carita estaba tinta en ese banquete sangriento y María había quedado bocarriba, en la cama, a los pies de Ernesto. Sobre su cuerpo trabajaba una desnudez rapiñosa, de cabeza alargada y maxilar prominente. El pequeño se había puesto musculoso como un animal, furtivo como un rufián. Buscaba los últimos pedazos entre las costillas y ya bajaba a los muslos que antes espejearon su aparición.

Ernesto abrió los ojos. No podía ser cierto el clamor de esa tribu. Quedó paralizado como sucede en las pesadillas lúcidas. El cuerpo velludo casi lo tocaba y en su inclinación sobre su presa, Ernesto le veía el ano desnudo y rojo como una flor del abismo. El olor a sangre y a mierda –pues el ser había defecado varias veces durante su orgía- lo convulsionó para dejar escapar su terror en un grito seco y mortal. El niño volteó y lo miro con sus ojos de opacidad indiferente como la de las bestias, Ernesto cayó a un lado y escapó hacia la ventana; cuando su hijo avanzó hacia él prefirió arrojarse al vacío. El chico, con sus fauces abiertas, lo miró perderse en la cortina humosa de la noche y dio un aullido desamparado.



***
Lorenzo León nació en la Ciudad de México, el 8 de septiembre de 1953. Narrador y ensayista. Promotor de actividades de divulgación universitaria en Veracruz. Colaborador de Avance, El Nacional, El Universal, Erosión, y Extensión. Director de la revista digital El ciclo literario, http://cicloliterario.com.mx/. Premio Nacional de Cuento San Luis Potosí 1985 por Los hijos de las cosas.

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