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Stasiland, de Anna Funder • Jaime Panqueva

Anna Funder | Foto TLS
Anna Funder | Foto TLS
Stasiland, de Anna Funder • Jaime Panqueva

En unas semanas se celebrarán oficialmente 30 años de la Reunificación de Alemania, tras la caída del Muro de la Infamia que separó dos países y dos sistemas económicos. La antigua RDA se sostuvo por cuatro décadas con el apoyo de la también desaparecida URSS, a través de sistemas de seguridad y vigilancia de cualquier oposición al régimen concentrados en la temible STASI, apócope del Servicio de Seguridad del Estado.

Omnipresente en cada ámbito de la vida en el Este, “tuvo 97.000 trabajadores, más que suficiente para vigilar un país de 17 millones de personas. Pero también disponía de más de 173.000 confidentes repartidos entre la población. Se estima que en el Tercer Reich de Hitler hubo un agente de la Gestapo por cada 2.000 ciudadanos, y en la URSS, un agente de la KGB por cada 5.830 personas. En la RDA, había un agente o un confidente de la STASI por cada 6.5 ciudadanos.” La paranoia por el enemigo interno rendido a los intereses del capitalismo occidental es descrita por Anna Funder en Stasiland (o país de la Stasi) a través de crónicas con diversas víctimas y victimarios del régimen. Publicado originalmente en 2003, fue reeditado el año pasado en español. Funder revisa las heridas abiertas de la dictadura del proletariado y aporta datos escalofriantes sobre los sistemas de vigilancia, aprehensión y tortura empleados para sofocar cualquier amenaza que pudiese inquietar a sus paranoicos líderes.

Personajes como Hagen, Miriam o la señora Paul, ayudan a dimensionar las condiciones en que se vivía del otro lado del muro. Muchas de las descripciones, casi todas realizadas en el duro invierno de Berlín, evocan el mundo gris orwelliano de 1984. De igual forma, quienes hayan visto la extraordinaria película alemana La vida de los otros, hallarán un muy buen complemento en las crónicas de Funder, quien a mi modo de ver, peca por exceso al involucrar su vida y comentarios personales, prescindibles, como preámbulo o cierre de las crónicas. Algo que engorda el libro de manera innecesaria. Por fortuna, una vez que se ha tomado nota de su estilo, es muy fácil saltar del relleno a la sustancia.

No está de más comentar que estos sistemas de vigilancia y “neutralización” de los enemigos internos, también saltaron de Europa a América Latina y siguen siendo empleados por servicios de seguridad que aún siguen la senda del socialismo totalitario. Su contraparte, no menos depravada, la hemos vivido también en los países capitalistas, de la mano de la CIA y su Escuela para las Américas, de la cual muchos egresados aún tienen una cita pendiente con la justicia.

Comentarios a mi correo electrónico: panquevadas@gmail.com



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