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REFLEXIÓN

Tachas 400 • Cuatrocientas Tachas • Esteban Cisneros

Esteban Cisneros

Roberto Bolaño
Tachas 400
Tachas 400 • Cuatrocientas Tachas • Esteban Cisneros



Cuatrocientos. Cuatro centenas. Ochocientas mitades, juntas. Cuarenta pares de manos completas, abiertas. Suena imponente, a veces. Insignificante, en otras.

¿Qué significa eso? ¿Qué implica un número? ¿Por qué celebramos el tiempo que transcurre? ¿Por qué nos detenemos en los números cerrados, en los múltiplos de cinco, en las decenas, en las centenas? ¿Es pura herencia escolar? Que yo sepa, no hay mucho de cábala en ello. ¿Son supersticiones modernas? ¿Qué queremos reafirmarnos?

Cuatrocientas semanas. 7.6923 años. ¿Qué implica durar tanto? ¿O tan poco? ¿Es una cuestión de suerte, de salud, de ganas? ¿De terquedad? ¿De aguante? ¿De fortaleza o de debilidad? ¿De consistencia o de sólo ir pasando? ¿De inercia? ¿Qué implica sostener algo en el tiempo? Cuento una historia guardando las proporciones. Un tío de mi padre vivió hasta los 104 o 105 —¿o 106?– años (su fecha de nacimiento fue motivo de controversia desde que me acuerdo). Aún jugaba ajedrez y vestía de dandi para ir de su habitación a la sala de su casa a sentarse a esperar el desayuno, la comida, la cena que se le servía. Vivió bien, con algún sobresalto, hay que decirlo, pero sin cataclismos; vio partir a su familia casi entera, eso sí, pero era natural que sucediese. Es un aliciente, cómo no; en las pláticas familiares siempre se le mencionaba como amuleto para la longevidad. Si él lo hizo, ¿por qué no yo que soy de su misma familia? ¿Lo logró por pura suerte? ¿Cómo se cuidó? ¿Era terco (sí, así somos los de mi apellido) y aferrado? ¿Cuál era su secreto? ¿Valió la pena?

¿Qué significa durar? ¿Qué hay de bueno en extenderse en el tiempo? Se dan por sentado las ventajas. ¿Cuál es el otro lado? ¿Es mejor ser los Beatles y dejarse ir justo a tiempo o ser los Rolling Stones y seguir para siempre, como sea, aun sabiendo que no se puede sostener el genio?

Cuatrocientos. ¿Es esto apenas un inicio? ¿Una larga gestación de algo más? Si es así, ¿qué es ese algo más? ¿Para qué es? ¿Para quién? Quien ha atendido este proceso (lectores, sobre todo, pero también escritores, poetas, artistas, editores, administradores), ¿qué les ha dejado hasta ahora? ¿Nos ha enriquecido? ¿Qué hemos aprendido, qué se nos ha quedado? ¿Cuánto nos hemos emocionado? ¿Cuánto hemos hecho porque era lo que tocaba hacer y cuánto de nosotros se quedó en el proceso? ¿Por qué lo hicimos?

Cuatrocientos números. Cuántos textos. ¿Cuántas obras maestras? No lo sé. Ojalá que muchas, pero no me toca a mí decirlo. Ojalá que al menos una de los ya miles (sí, literalmente miles) de propuestas que han salido al mundo a bailar —como en un festival de Día de las Madres– haya forzado al lector a poner atención, a abandonar la indiferencia, a ponerse del lado de quien escribe. Por un rato, al menos. Eso ya sería ganancia. Con un texto. Pero, ¿cómo saberlo? ¿Cómo dialoga un suplemento digital con su público? ¿Cómo llega a él? ¿Se confía ciegamente en el algoritmo, poniendo moneditas a la alcancía global de las redes sociales, a cambio de algunos likes?

A veces pienso en, por ejemplo, discos que me gustan (porque soy un poquito más de la música que de las letras, debo confesarlo). Como The Velvet Underground and Nico o #1 Record de Big Star. Son discos que, según cuenta la historia ahora oficial, apenas vendieron pero que cada copia en manos de alguien mutó en un nuevo artista, un nuevo grupo, un nuevo disco al menos. Los números engañan, pero es seguro que esos discos jamás fueron Sgt. Pepper. Llegaron a alguna gente —de nuevo– por factores que no pueden explicarse tan fácil y tenemos que reducir a conceptos como suerte. Y les abrió la mente, les ocupó las manos y crearon algo nuevo. ¿Es esto Tachas? ¿O es un continuum que sirve como lazo, como pegamento, a algo más? ¿Ocupa bien su lugar en la red o sólo colabora cuantitativamente con la entropía de la Internet?

Cuatrocientos. Y serán más, seguro. Pero, ¿a dónde vamos? ¿Y para qué? ¿Esta terquedad tendrá una recompensa o la recompensa es ésta, estar, haber estado? ¿Ha sido un camino recorrido o apenas un calentar de motores? ¿Cómo ha cambiado Tachas el universo en el que vive? ¿Cómo se ha adaptado a él? ¿Cómo hablaremos de Tachas en el futuro? ¿Hablaremos de Tachas en el futuro?

Como sea, el ente existe. Y vive. La verdad es que vive, late. Eso ya es ganancia, sólo hay que ver cómo corren los tiempos. No sé si el monstruo ya encontró su sentido de ser, su rumbo, su finalidad. Pero en esas anda. La intuye, al menos. Y, bueno, esa terquedad se respeta. Cuánto. Es, tal vez, un síntoma de nuestra ciudad/sociedad adolescente, que aún no crece, que aún no sabe qué quiere, que no se define. Que, por si fuese poco, las circunstancias marean. Pero se sigue. Se vive. Y, ya que estamos acá, hay que terquear. No se me ocurre otra cosa.

C/S.

 


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