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CUENTO

Cine: Madre amorosa

Ricardo Bernal

Ricardo Bernal
Tachas 408
Cine: Madre amorosa

I)

Ella tiene una vela en las manos, se cree un barco de vela. Ella es un triángulo isósceles y recorre la alcoba de un lado a otro al compás de la música de las esferas. Ella se acerca a una cuna estilo gótico y alumbra con la vela a su bebé: un pequeño rombo anaranjado que duerme apaciblemente balbuceando dulces sueños de química inorgánica. Ella es verde. Ella es piscis y su astrólogo de cabecera es capricornio. Ella está despeinada y ojerosa. Ella no tiene nombre.

Ella deja la vela en una mesa y toma entre sus brazos al bebito. El bebito es una espina en el corazón metálico de la madre y el corazón metálico de la madre es el villano en las historias que sueña el bebito. Un pterodáctilo de cuerda vuela alrededor, por lo que Ella abre la boca y guarda en sus adentros al pequeño rombo anaranjado. De pronto aparecen en este cuento las siguientes expresiones: “bebito-espina”, “bebito-rombo anaranjado”, “bebito-pez que da vueltas en la pecera de mi vientre”.

II)

Ella toma un pincel de la mesa y con el óleo fermentado que brota de los sueños de su hijo pinta una ventana en el muro. Ella abre la ventana y mira hacia afuera: en el jardín el otoño busca su sombrero y el martes juega a las damas chinas con el miércoles. En el jardín se aburren las estatuas y arriba de todo se pudre un enorme sol idiota. Desde el interior de su madre, el pequeño rombo anaranjado dice algo (nadie sabe qué, y quien esto escribe no pone mucha atención en lo que dicen los bebitos). Afuera el sol idiota se infla y se infla y se infla y se infla. Ella es un triángulo isósceles y le guiña un ojo al sol idiota quien sonríe como un idiota y peina sus relamidos rayos con un torpe movimiento idiota. Desde la ventana, Ella inclina la cabeza al sol idiota, quien también inclina la cabeza mostrando las siete marcas de sus siete trepanaciones. Ella sonríe. De pronto el sol idiota revienta, salpicando de luz roja las mejillas de todos los planetas.

Llega la señora Noche bostezando y sacudiendo las telarañas de sus hombros; hace gestos, abre su bolso y les reparte estrellas a todos los personajes de este cuento. El bebito rombo anaranjado se asoma por la boca de su madre y toma una estrella violeta de filos resplandecientes… Ella, además de ser un triángulo isósceles, es una madre feliz de ser madre.

III)

El padre del pequeño rombo anaranjado es un calamar gigante de los mares del Polo Sur quien en sus ratos libres se dedica a escribir ocho novelas policiales al mismo tiempo. Pocas semanas antes de que naciera su hijo, se fue de juerga con sus amigotes los delfines y desde entonces no ha regresado (nadie sabe dónde está, y quien esto escribe no tiene ganas de ponerse a buscarlo).

IV)

Ella cierra la ventana, toma una brocha de la mesa y pinta el muro de blanco: la ventana desaparece. Ella saca al bebito de su boca y lo acomoda en la cuna, la estrella violeta de filos resplandecientes también desaparece. A lo lejos, el Gato Jazz toca su saxofón de piedra y Ella canta canciones tristes para acompañar los sueños de su pequeño rombo anaranjado. La indecisa llama de la vela alumbra la escena: es tanta la ternura que ésta se escurre por los renglones de todo el cuento, haciendo suspirar a sus lectores… Ella es un triángulo isósceles que llora de melancolía.

V)

Todo lo anterior es mentira. Ella no tiene una vela en las manos, ni es un triángulo isósceles y su bebé no es ningún rombo anaranjado. Ella no es verde. Ningún pterodáctilo de cuerda vuela alrededor y no hay ningún sol idiota que se infle y se reviente. El calamar gigante de los mares del Polo Sur no existe, y en sus ratos libres no se dedica a escribir ocho novelas policiacas al mismo tiempo.

Quien esto escribe se ha quedado pensativo. Yo lo miro desde el otro lado de la mesa: bebe café, se rasca su enorme nariz, tacha, arroja al piso cuartillas arrugadas… pero no se le ocurre nada. Aburrida de tanto contemplarlo sin que me haga caso, decido irme a dormir y dejarlo a solas con su cuento. Quizá más tarde, o mañana temprano, el golpetear de su máquina de escribir se confunda con el dulce aguacero de mis sueños… ¡Pobre! Nunca sabrá lo que sueña su musa.

 




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Ricardo Bernal. Egresado de la SOGEM. Se ha especializado en literatura fantástica, horror y ciencia ficción. Ha sido director del consejo editorial de La Mandrágora; coordinador del Diplomado de Literatura Fantástica y Ciencia Ficción en la Universidad del Claustro de Sor Juana desde 1996. Becario del fonca en cuento de 1994 a 1995 y del Instituto Quintanarroense de Cultura. Premio Nacional de Cuento Salvador Gallardo Dávalos 1991 por La palabra de los niños y 1992 por Leyendas de la muerte azucarada. Premio Nacional de Poesía Sor Juana Inés de la Cruz 1995 por el libro Ciudad de Telarañas. Este cuento fue publicado en Lady Clic (2002).

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