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CON EL DESARMADOR EN LA MANO

Con el desarmador en la mano • Luto, de Lucia Berlin • Esteban Castorena Domínguez

Esteban Castorena Domínguez

Lucía Berlín
Lucía Berlín
Con el desarmador en la mano • Luto, de Lucia Berlin • Esteban Castorena Domínguez

En el poema “Mudanza”, Fabio Morábito reflexiona sobre las huellas e indicios que los habitantes de un hogar dejan a lo largo de la casa. He aprendido a respetar las huellas/ de los viejos inquilinos:/ un clavo, una moldura,/ una pequeña ménsula,/ que dejo en su lugar/ aunque me estorben. El poeta habla sobre su convivencia con estos objetos olvidados, la asimilación de estos como parte de un espacio nuevo y de una nueva cotidianidad. Morábito respeta esos detalles porque sabe que, cuando él vuelva a mudarse y cambie residencia, él mismo dejará algo abandonado y dejará la huella de su paso por esos muros.

Al igual que Morábito, Lucia Berlin es consciente de que un hogar es el reflejo físico de sus habitantes, los objetos dentro de una casa dicen mucho de quienes los usan; son los indicios de una personalidad. En “Luto”, la cuentista norteamericana explora estas cualidades de los objetos y se vale de ellas para construir el perfil de un hombre recientemente fallecido. Serán los objetos quienes revelen el modo de vida que tuvo el hombre, serán también ellos quienes evoquen recuerdos en los dos hijos que le sobreviven.

Toda la obra de Lucia Berlin surge a partir de sus propias experiencias. Retoma vivencias de diversos momentos de su vida y con ellos construye las historias. Por este motivo es que temas como el alcoholismo, la vida entre Chile, México y Estados Unidos, la maternidad, la figura paterna y sus experiencias como mujer de la limpieza, son elementos muy recurrentes entre sus páginas. Algunos críticos han señalado que los cuentos de Berlin son, en realidad, una novela autobiográfica y fragmentada.

“Luto” pertenece a los relatos que abordan las experiencias de la autora como empleada doméstica. Si en “Manual para mujeres de la limpieza”, su cuento más famoso, la autora hace un retrato del modo de vida de la servidumbre, sus prácticas laborales y la relación con sus empleadores. “Luto” aborda de manera mucho más tangencial el rol de Berlin como empleada doméstica, este cuento se concentra en retratar la vida de una familia.

El párrafo inicial dice mucho de cómo estará construido el relato. La narradora dice: “Me encantan las casas, todas las cosas que me cuentan, así que esa es una razón de que no me importe trabajar como mujer de la limpieza. Se parece mucho a leer un libro”.  En adelante, hay una exposición del contexto: la labor de limpieza la hace por encargo de una inmobiliaria, ella es la encargada de limpiar y dejar presentables las casas de gente fallecida. En los párrafos iniciales del relato hay un detalle  pequeño que, sin embargo, no hay que pasar por alto. Sólo por un momento, la voz narrativa habla a un interlocutor. “Piensa en ello. si murieras…podría deshacerme de todas tus pertenencias en dos horas como máximo”.

El discurso directo al lector cumple dos funciones. Por un lado busca generar empatía con los fallecidos a quienes la protagonista debe vaciarles la casa. Berlin, con gran malicia narrativa, arroja ese anzuelo a la espera de que el lector lo muerda y piense, aunque sea por un instante, en aquello que dejaría atrás luego de su muerte. Por otro lado, este parlamento hacia el lector también da una sensación de cercanía con la narradora. Ella no cuenta la historia a todo el mundo, la está contando específicamente para cada lector.

A continuación la narradora acota el contexto. Ya no habla en general sobre su trabajo de limpiar las casas de los fallecidos. Se concentra en el caso de la limpieza en el domicilio de un cartero negro, viejo, mezquino y severo; viudo desde hace diez años, enfermo de diabetes y muerto de un ataque al corazón. Sobre su encuentro con los hijos del cartero, la mujer de la limpieza dice: “El hijo y la hija no llegaron hasta última hora de la mañana, pero yo ya sabía mucho de ellos, por lo que Arlene [la mujer de la inmobiliaria] me había contado, y por otras pistas”. Entonces viene la descripción del vecindario y de la casa. Sabemos que la propiedad del difunto se encuentra en un barrio “poco decente”, hay vendedores de droga y borrachines caminando por las calles. Las casas de los vecinos están descuidadas; algunas, incluso tienen las ventanas condenadas con tablones y están llenas de grafitis. En medio de ese panorama, el interior de la casa del cartero se percibe como un mundo a parte. La narradora no escatima en dar detalles de lo que hay ahí dentro, el tipo de muebles, el enorme televisor, las fotografías que adornan el salón, los comederos para pájaros dispuestos en cada ventana, el jardín bien cuidado y las plantas que adornan la casa.

Si la mujer de la limpieza sabe ya cosas sobre los hijos, es porque ha sabido leer los indicios de sus vidas en los espacios que habitaron. Las casas vacías son como leer un libro porque, lo mismo que un narrador, muestra más de lo que dice. El relato continúa con las interacciones entre la mujer y los hijos del cartero. Entre diálogos nos enteramos de que ninguno de los hijos visitaba a su padre. Se sorprenden con el hecho de que el viejo cuidara de las plantas y le gustara observar a los pájaros desde la ventana. El hijo, en un determinado momento dice que tiene ganas de un trago, la narradora puede ofrecérselo porque encontró unas botellas metidas en un armario.

Con detalles como el de las botellas o los comederos de pájaro es que la autora construye un retrato del fallecido. Berlin logra mostrar las dos caras del cartero:  por un lado el viejo mezquino; por el otro un hombre viudo,  sensible y solitario que cuida plantas y observa pájaros. De los hijos también se esboza un retrato. Se puede intuir por qué dejaron de ver al padre luego de haber perdido a su madre, se percibe que su infancia no fue del todo sencilla y, sin embargo, los invade la nostalgia cuando encuentran objetos que los llevan de vuelta a su pasado.

Si quieres leer el cuento, lo encuentras aquí

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Esteban Castorena (Aguascalientes, 1995) es Licenciado en Letras Hispánicas por la Universidad Autónoma de Aguascalientes. Por su trabajo como cuentista ha sido becario del Festival Interfaz (2016), del PECDA (2016) y del FONCA (2018). Su obra ha sido publicada en diversos medios impresos y digitales. Gestiona un sitio web en el que comparte sus traducciones de literatura italiana.


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