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54 MUJERES, LA SERIE [XLIII]

54 Mujeres [43] • Kate Bush (A contracorriente) • José Luis Justes Amador

José Luis Justes Amador

Kate Bush - Foto, Anton Corbijn
Kate Bush - Foto, Anton Corbijn
54 Mujeres [43] • Kate Bush (A contracorriente) • José Luis Justes Amador

I'm the shyest megalomaniac you're ever likely to meet.

(Kate Bush)

Cuenta la leyenda que hubo una persona que brilló aún más que los novios en la boda de Elton John. El músico entre las más de seiscientas invitaciones, con la flor y nata de la música mundial, había enviado una de la nunca tuvo respuesta. Pero aun así la invitada no confirmada apareció de sorpresa. El resto de invitados se desvivían por acercarse e intercambiar aunque fuese unas palabras con ella. De hecho, el mismísimo Elton John recuerda como un auténtico honor que ella fuera el centro de la fiesta aquel día. Su nombre, Kate Bush, la auténtica representante de eso que a falta de mejor nombre llamamos art pop.

Personajes tan diversos como Bjork (siempre que tiene ocasión) o Rosalía (al recibir su primer Grammy), como Tricky o Rufus Wainwright, la han citado como fuente de inspiración. Incluso Coldplay la ha nombrado entre sus referentes. Y su mayor mérito es haber hecho de la música un arte que no solo implicara instrumentos, sonidos, voz sino un arte casi total. Su influencia directa, por lo irrepetible de su música, tal vez no sea tan grande como la indirecta a través de haber demostrado prácticamente las posibilidades que parecían callejones sin salida que ella recorrió antes que nadie. Y a pesar de esa originalidad tiene el honor de haber sido la primera mujer que escribía sus propias composiciones y llegaba al número uno de las listas inglesas.

Su historia comienza cuando David Gilmour, el guitarrista de Pink Floyd, escucha una demo en la que la joven Kate, todavía Catherine, había plasmado sus primeros intentos de composición a los dieciséis años. A pesar de haberla enviado a todas las discográficas, la joven no había tenido respuesta. Gilmour le ofreció grabarla de nuevo, en un estudio profesional y con músicos, él incluido, de entre lo mejor de la aristocracia rockera de la época. Con esas nuevas credenciales EMI se interesó por ella y le propuso grabar un disco. Algo que la perfeccionista Bush tardaría tres años en hacer. Mientras perfeccionaba sus habilidades no solo musicales sino también en, por ejemplo, danza o mimo, considerándose más que cantautora artista.

“The kick inside”, su primer disco, apareció en 1978, el año en el que punk se estaba transformando todavía y la música disco estaba en pleno apogeo. Su disco era diferente no por rupturista sino por utilizar unos sonidos y unos modos que no tenían nada que ver con el underground o con el mainstream. Bush no estaba en el sonido de moda ni en el sonido que se rebelaba contra ese sonido. Estaba, simplemente, al margen. Sus letras, basadas en sus experiencias pero también en la literatura o el arte, estaban enfundadas en algo que no era exactamente un coletazo sinfónico ni un revival folk ni una guitarra o un piano de acompañamiento al cantautor sino todo eso al mismo tiempo. Y con ese disco y su primer sencillo, “Wuthering heights” (Cumbres borrascosas), llegó a lo más alto de las listas.

Y tanto fue su éxito que, tras tres años preparando el primer disco en apenas unos meses sacaba el siguiente hecho mayormente de descartes del primero. Si en “The kick inside” era la Bronte, en “Lionheart” es Peter Pan el que se lleva una canción. Todo el disco como el primero gira en torno al piano pero con matices, arreglos e instrumentos que llenan de matices el disco. Ambos discos, además, compartieron las listas de discos más vendidos del año.

El descubrimiento del Fairlight, uno de los primeros procesadores de sonido, y sus posibilidades convierte el tercer disco “Never for ever” que se basa casi exclusivamente en un sonido electrónico pero que en lo estilístico va, nuevamente, del folk íntimo a los grandes arreglos locales o de homenajes a la música oriental o medieval. “The Dreaming”, el siguiente disco, está construido casi exclusivamente sobre ese modulador y dividió a los críticos y a los fans. Para algunos el disco, producido por ella misma, es demasiado experimental, para otros es una muestra de valentía y riesgo. Agobiada por las críticas, Kate decidió encerrarse en su casa  en la que había construido un estudio de 48 pistas para regresar con un nuevo trabajo, más personal aún si cabe.

De ese encierro salió “Hounds of love”, un disco dividido en dos partes, que además toma forma de suite clásica que está divida en dos partes, una por cada cara del disco. El experimento valió la pena ya que la crítica suele considerarlo su mejor disco, un disco en el que se combinan géneros tan alejado como la música celta y el hard rock, los aires orientales y la música clásica europea. Y frente a esa experimentación su siguiente disco, “The sensual world”, es el más accesible ya que mantiene la experimentación sin el aire de grandilocuencia del que sus detractores suelen agarrarse para sus críticas.

“The red shoes” es, probablemente, el peor disco de toda su carrera en el que por un impulso comercial, probablemente impuesto por la casa de discos, deja atrás toda la personalidad que, para bien o para mal, impregnaba sus anteriores obras. El fracaso, tanto de ventas como de crítica, hizo que se retirara durante doce años. Y de ese exilio autoimpuesto volvería para entregar “Aerial” que devolvía a Bush a las listas de éxitos y de crítica. El disco, impecablemente secuenciado, se divide en dos partes complementarias tituladas “A sea of honey” y “A sky of honey” con letras que van de la matemática a la historia de amor de una camisa y una falda mientras que musicalmente va de Debussy a los ritmos brasileños, del piano desnudo a los arreglos corales.

La obra de Bush, de la que las palabras son poca para explicar, es un ejemplo de experimentación no reñida con las listas, de buscar nuevos caminos sin descuidar los antiguos.

PD: Ella se explica mejor. “de eso se trata el arte, un sentimiento de alejarse de las barreras de las que no se puede en la vida real. Como un bailarín que trata de volar. Hacer algo que no es posible. Pero intentas hacer los que puedes dentro de esas barreras físicas, todo el arte es eso: una forma de exploración, de construir historias. Escribir, rodar, la escultura, la música: se trata todo de crear una ilusión”.

 

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