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Libros 2021 [II]: Mujeres • Fernando Cuevas

Fernando Cuevas

El invencible verano de Liliana, de Cristina Rivera Garza
El invencible verano de Liliana, de Cristina Rivera Garza
Libros 2021 [II]: Mujeres • Fernando Cuevas


Continuamos este breve recorrido por algunas de las páginas editadas en español durante el año pasado. Toca el turno a libros escritos por mujeres:  una veintena de botones de muestra.

Empezamos con dos autoras mexicanas. Con todo el dolor del caso, Cristina Rivera Garza escarba en la memoria y en el terrible recuerdo del feminicidio del que fue víctima su hermana en 1990, cuando tenía 20 años y muchos planes para reinventarse, dejando atrás a un novio que no estaba dispuesto a la ruptura: El invencible verano de Liliana (Random House, 2021) es una sentida crónica fraterna de una joven en específico que se extiende a muchas mujeres, sobreviviendo y muriendo en un país incapaz de superar las lógicas patriarcales y la violencia asesina contra ellas: un texto tan actual como necesario y, en cierto sentido, esperanzador contra toda evidencia. En otra tesitura, Ana García Bergua nos invita a desplazarnos en los tiempos de espera con Leer en los aviones (Era, 2021), conjunto de 18  deliciosos relatos organizados en tres secciones que van de recorridos disruptivos a cambios de rutas, encuentros y desencuentros entre hoteles, pueblos y caminos que trastocan los planes originales: de pronto, ya somos alguno de los viajeros.

Maggie O’Farrell entró al planeta Shakespeare desde otra perspectiva en Hamnet (2020; Libros El Asteroide, 2021), novela de carácter especulativo que retoma la vida del niño del título que murió en 1596 y, sobre todo, de su madre Anna (o Agnes), además de su hermana y hermano y los abuelos. A partir de algunos datos históricos, la escritora construye una novela poderosa y absorbente, centrada en los vínculos familiares, particularmente los materno-filiales, y en la construcción de una obra de alcance legendario, nombrada con nombre propio en el que nada más se cambia la “n” por la “l”. Hablando de maternidad y libertad de decisión en contextos difíciles, la rusa Anna Starobinets transita con inusual habilidad del terror al humor y de ahí al dolor en Tienes que mirar (2017; Impedimenta, 2021), obra en la que recupera su experiencia al esperar un hijo al que se le detectó un defecto congénito que le impediría vivir, y su posterior periplo por las instituciones de salud en su país y su viaje a Alemania: paradójicamente, una conciliatoria narración que surge del doliente corazón de una madre ante la pérdida de su hijo.

La peruana Gabriela Wiener se sumergió en sus antepasados, particularmente en su tatarabuelo, un explorador alemán que se llevó a su tierra muchas piezas prehispánicas que reflejaban el alma de las personas, a partir del rostro y que hoy habitan las vitrinas de un museo: Huaco retrato (Random House, 2021) es una mirada abierta e identitaria sobre el colonialismo depredador, los propios orígenes y los conflictos personales presentes, intervenida por dosis de humor negro y de un necesario auto reconocimiento que no teme compartir y enfrentar las contradicciones. También volteando a ver a sus antepasados, la franco-marroquí Leila Slimani nos cuenta de manera sentida la historia de su abuela, una alsaciana que se traslada con su esposo a un protectorado francés en Marruecos, tras la II Guerra Mundial, en donde tendrá que adaptarse, junto con sus dos hijos, a un mundo que le resulta ajeno y opresivo: El país de los otros (2020; Cabaret Voltaire, 2021) se posa sobre esas dificultades que implica la extranjería como condición de vida, con todo y el aislamiento no solo espacial, sino cultural y emocional.

También Louis Erdrich, con el conocimiento de causa a su favor y su sensibilidad para el retrato social, se inspiró en su abuelo para escribir El vigilante nocturno (2020; Siruela, 2021), acerca del velador de la primera fábrica cerca de una reserva y miembro del consejo de una comunidad de nativos americanos, en el contexto de los años cincuenta en los que se busca promover una ley que simula favorecerla pero que resulta más bien restrictiva; además una joven trabajadora busca romper el molde que se tiene para las mujeres y mientras mantiene a su madre y hermano, planea encontrar a su hermana perdida. En tanto, la gran autora canadiense Rachel Cusk volvió a la ficción con Segunda casa (Libros del Asteroide, 2021) pero siguió explorando con profundidad sicológica las tribulaciones de las relaciones personales: una mujer invita a un admirado pintor a pasar una temporada en su casa donde vive con su familia, rompiendo con la tranquilidad y de paso involucrándose en un fuerte cuestionamiento acerca de las ideas preconcebidas sobre los artistas, el arte y la forma de establecer vínculos que no necesariamente pasan por un sentido edificante.

Con un enfoque anticipatorio, la uruguaya Fernanda Trías escribió sobre una extraña pandemia que azota a un pueblo porteño: algas y vientos venenosos predominan en este hábitat, donde apenas se puede comer una sustancia rosácea entre una desolación no solo ambiental, sino también en las relaciones personales, atrapadas en un desmoronamiento inevitable; así, en la distópica Mugre Rosa (Random House, 2021), una mujer encarna de manera sutil y con un penetrante sentido de melancolía estas pérdidas que parecen siempre escapar a la más mínima comprensión, como también sucede en La policía de la memoria (1994; Tusquets, 2021), relato cargado de melancolía de la nipona Yoko Ogawa, en el que una joven, con el apoyo de un anciano, trata de escribir una novela en una isla en la que todo va desapareciendo, al igual que los recuerdos asociados: animales, partes del cuerpo, emociones se van para siempre, salvo para algunas personas que no olvidan y que son perseguidas por la policía del título, como le sucede a un editor: en un contexto donde gana terreno la ausencia, el acto de la escritura y la sobrevivencia de la voz se oponen al desvanecimiento del mundo.

Su compatriota Mieko Kawakami, por su parte, se introduce en el encuentro de dos hermanas y la hija preadolescente de una de ellas, viviendo las angustias propias de la edad y comunicándose solo por escrito. Una, cerca de los cuarenta años, está obsesionada con su cuerpo desde que se embarazó e insiste en operarse para aumentar la talla de sus pechos, mientras que la otra busca ser escritora y atraviesa sus propias dudas existenciales en sus treintas. Pechos y huevos (2019; Seix Barral, 2021) posa su cercana, humorística por momentos y realista narrativa desde una lógica feminista, en la que las exigencias y expectativas sobre las mujeres, tanto personales como laborales, se ciernen sobre ellas con un peso significativo. Estructurada a partir de 167 capítulos breves y usando la primera persona como si de una larga misiva se tratara, El jardín de vidrio (2019; Impedimenta, 2021) contiene la cruda historia de una niña recogida por una anciana en un orfanato, pero solo para explotarla laboralmente, recolectando botellas por la ciudad a lo largo de una década, en un contexto de precariedad y constante acoso; Tatiana Țîbuleac, originaria de Moldavia, confirma su capacidad de inmersión en realidades tan presentes como complejas.

La concisa autora francesa Delphine De Vigan, siempre con ojo clínico, entregó Las gratitudes (2019; Anagrama, 2021), relato en el que alrededor de una anciana que perdió el habla por una afasia, su logopeda y su vecina comparten las experiencias que vivieron con ella y un último deseo: encontrar al matrimonio que le salvó la vida durante la invasión alemana. Una evocativa revaloración del agradecimiento y de la importancia de la palabra en convivencia con el silencio, con lo que no se expresa pero está presente y permanece al paso del tiempo, como esos recuerdos que nos remiten, necesariamente, a ser agradecidos con quienes estuvieron ahí y los hicieron posibles. Y la neoyorquina Sigrid Nunez exploró de manera cautivante la amistad en una situación límite vía Cuál es tu tormento (2020; Anagrama, 2021), en la que la protagonista nos cuenta cómo acompañó a una amiga de la infancia ahora en fase terminal, realizando diversas actividades y rememorando sus respectivos trayectos vitales, con todo y las vicisitudes que implican las relaciones afectivas.

Con lucidez y apertura, Anna Wiener nos comparte su transición laboral de una pequeña editorial, cada vez ofreciendo menos satisfacciones personales y profesionales, al supuesto mundo de avanzada de Sillicon Valley y sus startups de innovación y desarrollo tecnológico: Valle inquietante (2020; Libros del Asteroide, 2021) es el ácido recuento de la desmitificación de esos entornos de trabajo en los que más bien privan prácticas bien conocidas como la competencia desleal, la misoginia medio oculta, el abuso y desenfrenada búsqueda de poder y la carrera hacia ninguna parte, disfrazada de altos propósitos, puntual y por momentos satíricamente planteadas por la autora estadounidense. Dos sucesos en la vida de un hombre rutinario terminan por moverlo de lugar para tratar de reconfigurarse: se trata de Una sala llena de corazones (2020; Lumen, 2021) rotos vuelve a denotar la enorme puntería de Anne Tyler para construir personajes en los que es fácil verse reflejado, sobre todo por el cuidado de las descripciones y situaciones en las que se ven envueltos, usualmente, como este caso, en medio de una cotidianidad que en esta pluma se vuelve digna de ser contada.

Un acucioso retrato del Chicago de los ochentas se puede encontrar en el amplio espectro Los optimistas (2020; Sexto piso, 2021), novela de Rebecca Makai que se va leyendo de a poco y que aborda las dificultades de la comunidad homosexual para obtener más recursos y la ausencia de respuesta por parte de las autoridades, cuando el SIDA empezaba a presentarse sin muchas cartas de presentación. A pesar del difícil entorno, hay tiempo para desarrollar, desde la colectividad, redes de apoyo y de resistencia, así como de solidaridad y afectos sólidos, miradas con absoluto realismo, siempre para vencer al pesimismo. De ahí nos vamos a Filadelfia con los opioides plantados como crisis mayúscula en El largo río de las almas (2020; Alianza de Novelas, 2021), protagonizada por dos hermanas, una adicta y la otra policía, con ingredientes de suspenso que se integran a un doloroso planteamiento del mundo de las adicciones, invadiendo la esfera familiar y sus estructuras: Liz Moore escribe con el nervio necesario para combinar una amplia perspectiva social con el drama fraterno, reflejo de las rupturas en los tejidos comunitarios.

La drogadicción también está presente en Más allá de mi reino (2020; Salamandra, 2021), en particular por el dolor que le causó a una madre la sobredosis mortal de su hijo adolescente, mientras que su hermana, la protagonista, es una estudiante de doctorado en Neurociencia: conforman una familia de ghanesa asentada en Alabama descrita con cercanía afectiva por Yaa Gyasi, escritora también llegada a Estados Unidos cuando era pequeña y que aquí mantiene esa sensibilidad ya mostrada en su debut, sobre todo para tejer las relaciones de sangre influidas por los propios orígenes e incorporadas a contextos en principio ajenos: una historia que suma la dificultad implícita de integrar la fe religiosa con los principios científicos. En tanto, la estadounidense Carmen María Machado narra con multiplicidad de enfoques una relación marcada por la violencia en La casa de los sueños (Anagrama, 2021), con el distintivo de que se trata de la rememoración de la autora sobre su vínculo lésbico y los abusos que padeció: relato inusual no solo por presentarse esta situación en una pareja gay, sino por la manera tan descarnada y honesta de ponerlo en común.



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