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Tachas 492 • Margarita Montes. Pelear y argumentar • Marina Porcelli

Marina Porcelli

La boxeadora Margarita Montes
La boxeadora Margarita Montes
Tachas 492 • Margarita Montes. Pelear y argumentar • Marina Porcelli

Las peleas de Margarita Montes, quizá la primera pugilista mexicana, o una de las primeras que registra la historia deportiva del país, refuta una serie de supuestos y prejuicios que operan a la hora de pensar, todavía hoy, el boxeo femenino. La información sobre Montes es escasa, se estima que nace en Mazatlán, en 1913, y que muere en 2007. Antes de que un promotor llegara a Sinaloa, y le propusiera un combate como fondista contra la duranguense Josefina Coronado, por 150 pesos (el estelar fue de Joe Conde vs Mike Herrera), Margarita Montes, que tenía casi 20 años, ya había formado parte del equipo femenil de beisbol de la Cervecería Díaz León (como lanzadora) y había hecho funciones en la Plaza de Toros. Esa vez entrena cuatro semanas sin conocimiento alguno de boxeo y gana por knock out en el segundo round. A partir de ese momento comienza una gira exitosa que le llevará seis años: recorre Tepic, Ciudad Obregón, Guaymas, Tijuana y Estados Unidos. Después se casa y tiene tres hijos, trabaja en un taller de bicicletas y como comerciante de puercos.

Lo impactante de su caso no sólo es la fuerza que muestra en cada combate, sino su récord. Se supone que Margarita Montes realizó en total 28 peleas, o por lo menos así lo consigna la mayoría de las fuentes periodísticas. 5 fueron contra mujeres: las otras 23, contra varones, y casi siempre Montes venció por k.o. De ahí se desprenden dos anécdotas legendarias. Una contra un boxeador que se enoja después de que ella le rompe el pómulo derecho, y él pide revancha, y en la revancha ella le destroza el pómulo izquierdo. La otra, contra uno que pesa diez kilos más que la mujer. Previsiblemente Margarita Montes pierde, pero lo reta a una segunda oportunidad, y entonces sí sale ganadora. 

Que “por naturaleza” el cuerpo de las mujeres no está diseñado para el combate y no sirve para pelear. Que el boxeo les provoca esterilidad, cáncer de mama o de matriz. Que practicado por mujeres recibe el mote de “aberración”, “contra-natura”, que es casi un “deshonor” para la disciplina. Que esto no puede ser considerado realmente boxeo, porque el boxeo, realmente, significa golpear con agresividad. Esos son algunos de los argumentos que recopila Teresa Osorio Ochoa en su estudio para la buap (2014), al señar cómo se postula que ese deporte es, en especial, nocivo para las mujeres. Y la lista sigue: que ellas “no son knoqueadoras” o que no tienen la potencia suficiente.

Pero las peleas mixtas (como las de Montes, o las de la británica Wilkinson Stokes, o las de la peso pesado mexicana, Alejandra Jiménez) cuestionan y desmitifican el supuesto tan generalizado que establece, de raíz, la supremacía física de los varones. Los argumentos históricos se proyectan ahora como dispositivos de opresión: decir que las mujeres son frágiles equivale a afirmar el predominio físico masculino. Que los varones corren mejor, se escucha siempre, que pegan mejor. Pero que quede claro esto: las categorías en el boxeo están determinadas por el peso. Cien kilos siempre serán cien kilos, en el cuerpo que sea. La diferencia, entonces, está en el entrenamiento adecuado y en la preparación adecuada que ese cuerpo haya recibido para pelear.

En México, la fecha reciente de 1999 marca el momento en que se levanta el decreto presidencial de 1946 que prohibía la práctica para las damas. Antes, en 1997, el I Congreso Médico Mundial organizado por la CMB había concluido que el pugilismo representa exactamente el mismo riesgo para los hombres que para las mujeres. En esos 50 años de veto, los combates clandestinos suceden en tinglados y en azoteas. Las contrincantes, todas anónimas, muestran gran violencia pero una técnica muy deficiente. 

La legalización, sin embargo, no trajo un cambio radical respecto a cómo son concebidos los cuerpos de las mujeres. En tanto aún se los entiende como débiles y frágiles (Osorio), ciertas reglas todavía conservan y reproducen la desigualdad. Pienso, por ejemplo, lo que cuestiona la argentina Locomotora Oliveras: por qué las mujeres pelean a dos minutos, y no a tres; o por qué pelean a diez rounds, y no a doce. Además, varias boxeadoras argumentan que dos minutos es poco tiempo para preparar un knock out. Estos cuestionamientos son atendibles: en última instancia, presentar al boxeo femenino como deficitario del masculino traerá siempre una diferencia en cuanto a la calidad deportiva, y en cuanto al cobro de bolsa. 

                  

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Marina Porcelli. Ciudad de Buenos Aires, 1978. Narradora, ensayista, cursó estudios de historia en la UBA. Fue becaria del Centro Cultural de la Cooperación (Buenos Aires, 2004) y obtuvo diversos premios en género cuento y ensayo. Entre sus libros se encuentran: Cuaderno de invierno (novela corta, México, 2021); Nausica. Viaje al otro lado de la otredad(ensayos sobre género, Monterrey-La Plata, 2021); La cacería (cuentos, México, 2016); De la noche rota (cuentos, Argentina, 2009). Parte de la obra de ficción y ensayística de la autora ha sido publicada en medios y antologías de Argentina, Chile, Cuba, México, Nicaragua, España, EEUU y China. En 2010, Marina Porcelli fue elegida por el Fonca/Conaculta para participar del Programa de Residencias Artísticas para Iberoamérica y Haiti; en 2012 fue becada por la Secretaría de Cultura Argentina, en convenio con México. En 2014, recibió el Premio de cuento Edmundo Valadés; Mención en el Premio Casa de las Américas, Cuba, categoría ensayo; y la Primera Mención en el Premio Municipal de Literatura de Buenos Aires. En 2017, obtuvo una residencia artística en Montreal, Canadá, y ese mismo año, otra, en Shanghai, China. Dio talleres de escritura creativa en el Observatorio de violencia contra las mujeres, en Salta, y el Seminario de Narrativa en la Universidad de Salta, Argentina, 2019. Algunos de sus cuentos y ensayos fueron traducidos al inglés, al alemán y al chino. Colabora regularmente con revistas y suplementos de cultura de América Latina, y desde 2018 a 2020, estuvo a cargo de la sección de Narrativa de Revista Levadura de Monterrey, México.





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