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Norteamérica 2026: Día treinta y cinco, pasta porteña de campeón • Fernando Cuevas

Otra gran selección inglesa que se queda en la orilla, a pesar de contar con la mejor liga del mundo y algunos de los mejores jugadores del planeta: parece que una vez más, la fórmula contratar a un entrenador de un país distinto al del equipo, no funciona.
Inglaterra vs Francia
Inglaterra vs Francia
Norteamérica 2026: Día treinta y cinco, pasta porteña de campeón • Fernando Cuevas

En el estadio de los Halcones de Atlanta, las selecciones de Inglaterra, toda de blanco con sus Tres Leones listos para rugir, enfrentó a la de Argentina, con el uniforme de visita que hace un homenaje al estilo artístico del fileteado porteño, en un partido cargado de historia, tensión e intensidad incluso antes de que sonara el silbatazo inicial. Así fue: desde prácticamente el arranque del juego empezaron los roces, faltas y reclamos, mientras que los británicos intentaban manejar un poco más la pelota y presionar desde el área pampera, quienes intentaron equilibrar la cancha a partir del cuarto de hora, si bien la primera intervención de un arquero fue la del Dibu ante centro venenoso al 20’, después de una lucha como para medir fuerzas.

De los escasos acercamientos en este episodio inicial se presentó Stones con un cabezazo a segundo palo que salió desviado y un disparo de larga distancia de Enzo al 39’ que pasó cerca; durante los minutos finales la tendencia continuó a partir tratar de tener posesiones para bajar el ritmo, más que para ofender por parte de los sudamericanos, y buscar un poco las transiciones rápidas en lo que corresponde a los europeos, sin que ninguno de los dos ofreciera algún tipo de peligro serio para romper el cero. Una primera parte en la que se arriesgó poco, orientada más a medir fuerzas y analizar el contexto que de mostrar todas las armas, procrastinando la explosión del partido para el complemento y haciendo cálculos ante un posible alargue.

Para la segunda parte, muy pronto un servicio del arquero a Simeone, hijo de tigre, y de ahí a una combinación con Messi que derivó en un par de disparos de Julián, exigiendo a Pickford en lo más peligroso del partido al momento y que marcó una tendencia de más juego orientado a la construcción hacia adelante y menos lucha rocosa en el medio campo. Justo cuando la albiceleste se empezaba a mostrar con peligrosidad en campo contrario, un servicio esclarecedor de Kane, ese jugador omnipresente, hacia donde estaba Rogers, quien tras una incursión por la banda derecha en complicidad con Rice, envió centro punzante que remató Gordon con sentido anticipatorio sobre Guzmán, y romper el cero con la consecuente celebración dentro y fuera de la cancha de quienes reglamentaron este deporte. Pero la reacción argentina fue feroz, manifestada primero en una barrida salvadora de Spence sobre Simeone que se disponía a encarar al guardameta con intenciones igualitarias.

Y entonces el planteamiento desde el banco inglés fue meter el camión en la portería y defender muy atrás, a pesar de que faltaba media hora de juego más la compensación: una decisión extraña, por decir lo menos, considerando el nivel de jugadores propios y la capacidad del rival, mostrada en juegos anteriores, para revivir cuando todo parece perdido. La presión se empezó a tornar incesante y la estrategia no cambiaba por parte del equipo británico, atrincherado como si fuera una selección menor. Un aviso de Nico González que sacó el arquero inglés y, tras la pausa de rehidratación, Scaloni mandó tres cambios para poner toda la carne en el asador, con toda la tradición argentina por delante: Mac Allister saludó al poste con un remate de cabeza y con uno más que controló Pickford, ya en estado de emergencia.

Arreciaba la presión sin que se observara algún tipo de ajuste o reacción, más allá de amontonar gente atrás y hacer cambios defensivos, sin tratar de buscar cierta posesión de pelota o adelantar un poco las líneas, por lo menos hasta tres cuartos de cancha en territorio propio. La inevitabilidad hizo de las suyas: le das un segundo de espacio a Messi y estás acabado. Primero sirvió a un Fernández en soledad por los linderos del área quien, con tiempo para acomodarse, soltó un disparo como ya los había intentado, que terminó por incrustarse en el arco inglés para decretar el empate al 85’. Era el momento de terminar con el asunto y, otra vez, Messi lo sabía: desmarcado por la banda derecha, envió un centro exacto que no alcanzó Stones pero sí Lautaro, uno de los ingresados, para consumar la esperada voltereta al 92’.

Se ha visto muchas veces: querer cuidar una ventaja mínima parece ser más riesgoso que tratar de aumentarla, sobre todo considerando el contexto específico de este partido, el rival y sus antecedentes, el tiempo restante, las propias capacidades para seguir jugando como se estaba haciendo, la circunstancia particular y la forma en la que se había desarrollado el partido. Otra gran selección inglesa que se queda en la orilla, a pesar de contar con la mejor liga del mundo y algunos de los mejores jugadores del planeta: parece que una vez más, la fórmula contratar a un entrenador de un país distinto al del equipo, no funciona. Por su parte, los argentinos se declaran listos, con esa pasta de campeones, a defender su título hasta las últimas consecuencias, guiados por un técnico sensato, jugadores que lo dan todo y, claro, por el mejor futbolista que nos ha regalado este siglo.