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Norteamérica 2026: Día treinta y dos, dentro y fuera del campo • Fernando Cuevas

Una primera noticia, muy triste, fue la muerte de Jayden Adams, jugador de la selección de Sudáfrica y del Mamelodi Sundowns de 25 años a quien vimos en el estadio Azteca enfrentar a México y jugar con su equipo con la pena de haber sido notificado sobre la muerte de su abuela
Jayden Adams
Jayden Adams
Norteamérica 2026: Día treinta y dos, dentro y fuera del campo • Fernando Cuevas

Un domingo sin fútbol. Pausa mundialista con los cuartos de final definidos. Las noticias siguen apareciendo tanto desde dentro como fuera del campo de juego. Una primera noticia, muy triste, fue la muerte de Jayden Adams, jugador de la selección de Sudáfrica y del Mamelodi Sundowns de 25 años a quien vimos en el estadio Azteca enfrentar a México y jugar con su equipo con la pena de haber sido notificado sobre la muerte de su abuela. Al momento de escribir estas líneas se siguen investigando las causas de su fallecimiento en Ciudad del Cabo. Descanse en paz.

Por lo que toca a la conformación de las semifinales, resulta paradójico que en esta ocasión los cuatro equipos sobrevivientes ya fueron campeones, como no ocurría desde 1990 y, anteriormente, en 1970, en tanto que es el tercer mundial consecutivo en el que no aparecen cuatro selecciones que ya ganaron el título: Brasil, que ha estado 11 veces entre los cuatro mejores de los veintitrés mundiales; Alemania, con trece apariciones llegadas a semifinales; Italia con ocho y Uruguay con cinco, en estas instancias. Otras naciones han tenido presencia, como Países Bajos con cinco apariciones, Suecia con cuatro, Yugoslavia en dos ocasiones y, tras la división, Croacia en tres semifinales. Ha habido algunas sorpresas como Estados Unidos, Marruecos, Corea del Sur, Turquía, Bulgaria y Chile, colándose en estas instancias cuando no se esperaba que llegaran tan lejos. Por su parte, España es apenas la tercera vez que aparece en estas instancias, por ocho de Francia, siete de Argentina y cuatro de Inglaterra.

De los cuatro partidos de octavos, sólo en un caso se advirtió diferencia amplia entre los equipos: Marruecos saltó al campo de manera desconocida, demasiado precavido en contraste con el estilo de juego que había mostrado, mientras que Francia aprovechó la situación y, de acuerdo con su potencial, terminó resolviendo sin mucho problema el compromiso. España también fue superior pero no resultó tan sencillo ganarle a una Bélgica ordenada, aunque en pleno proceso de transición generacional; Inglaterra y Argentina no dieron buenos partidos pero lograron el triunfo sobre Noruega y Suiza más por sus talentos individuales que por planteamientos y ejecuciones colectivas consistentes; de ahí que en ambos casos se tuviera que llegar a los tiempos complementarios. Curioso fue que dos partidos se definieran por sendos errores de los porteros, rechazando pelotas que normalmente capturan sin mayor problema: la presión de un Mundial no es la misma.

En cuanto a la vida mundialista extra cancha, en México las cuentas no terminaron por salirnos y, como suele suceder con este tipo de celebraciones, no fue el negocio que se esperaba. Como sabemos, la FIFA termina por quedarse con buena parte del pastel y las sedes son las que tienen que organizar e invertir en las actividades y, sobre todo, en infraestructura, que se supone se queda para el bien de la ciudadanía en un futuro: una y otra vez se ha visto que no es así. Pero además, en el caso de las otras posibles ganancias derivadas de otros giros como el turismo, por ejemplo, las cifras finales quedaron por debajo de las expectativas, si bien en ciertos días hubo incremento en la ocupación hotelera (que subieron los precios por las nubes, sobre todo pensando en los visitantes internacionales).

En donde claramente se ganó, por lo visto, fue en algunas vertientes intangibles, sobre todo en la imagen que se proyectó fuera del país, en las que las imágenes eran de camaradería con los visitantes, festejos con propios y extraños y en general buena organización y estadios con mucha vida. Sabemos, sin embargo, que tristemente en los festejos murieron cuatro personas, se reportaron varios disturbios y tanto los robos como abusos también estuvieron presentes. Uno esperaría que esa buena imagen al exterior se pueda traducir en beneficios prontos hacia el interior y en volver a posicionar a México como un país que no debería ser objeto de alertas de viaje en determinadas zonas.

En otro ámbito en el que el Mundial contribuyó fue el del ánimo nacional, porque al menos por unos días todos le íbamos a un mismo equipo, considerando que somos un país profundamente dividido y confrontado por actitudes y dichos de varios “opositores” y por la leña al fuego que el grupo en el poder no deja de echar cada vez que puede. Ojalá trascendiera a otros ámbitos en los que la unidad es fundamental aunque, bien sabemos, lo más probables es que volvamos a las prácticas habituales en las que las y los políticos, en su mayoría, ven por el poder y sus intereses, mientras que la sociedad sigue padeciendo una esclerosis que impide generar tendencias de reconstrucción de los cimientos que nos permitan encontrar la paz, tan anhelada después de tantos años de vivir bajo el manto de la inseguridad.

Por otro lado, en el mundo de las redes se observa una insistencia sobre un supuesto favoritismo que tiene la FIFA con Argentina, en particular, y que mueve los hilos para que lleguen ciertos equipos a instancias finales. Es difícil de entender por qué las personas que piensan así siguen viendo una competición que no se define en el campo de juego, sino en oscuras oficinas corporativas. Los árbitros se equivocan, por supuesto, y también se ven influidos en ciertas decisiones por el peso de la camiseta, por el desarrollo del juego mismo o por presiones de la tribuna y los medios, pero de ahí a afirmar, sin pruebas por supuesto, que el asunto está predeterminado, resulta temerario por decirlo de forma amable. Un caso curioso fue la expulsión de Embolo, apegada a reglamento, al tiempo que algunos comentarios reclamaban que se había hecho trampa para favorecer a los argentinos, sin darse cuenta que que en este caso, quien intentó engañar fue el jugador suizo. 

En fin, la pelota seguirá rodando en la semana durante los cuatro partidos restantes.