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EXPERIMENTAL

Tachas 502 • Sueños superados • Jeanne Karen

Jeanne Karen

Imagen ceada con IA
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Tachas 502 • Sueños superados • Jeanne Karen

Hay un tiempo para temer y otro tiempo en que nuestros sueños, los que antes fueron los más oscuros, los más pesados y angustiosos, de pronto se han convertido en parte de nuestra vida. Ya extraño cuando no hay una catástrofe, cuando no siento que el ahogo me cobija, cuando mis piernas permanecen en la misma y confortable posición; así es, lo que antes fue una pesadilla, ahora es un hermoso monstruo que me saluda desde la ventana de mi subconsciente, me hace un gesto, sonríe, sonrío. 

¿Cuándo me transformé en esta persona, a la que sus miedos ya no la confunden?, ¿habré perdido por fin el último aliento, el último deseo?; no lo sé, pero por las noches, dentro del mundo onírico parece que ya nada me sorprende. 

Encuentro un gran número de preguntas, encuentro, también, cientos de significados y no he decidido a cuál darle nombre, cuerpo, una historia, una existencia más allá del pensamiento, un lugar en la materia.  

En algún oscuro rincón, seguramente, estarán por nacer nuevos malos sueños, nuevas histerias y horrores; porque la verdad no se puede vivir ya con los mismos, arrancados de su raíz, expuestos. 

También estar en blanco cansa, despertar sin sed, sin un golpe en el pecho, sin el impulso por hacer algo. No lo sé, tal vez debe ser que me estoy sintiendo cómoda y no me gusta, tal vez mi interior trata de decir que hay que crear más, vivir más intensamente, conocer más, llorar más, intentarlo todo, caer como en el principio y levantarme de nuevo con el dolor, pero también con el impulso. 

Es bueno iniciar, aunque no se sepa hacia dónde va el camino, el inicio es despedir las naves, decir adiós desde la orilla, crecer, envejecer, aceptar el ciclo. Causa incertidumbre, pero también nos ayuda a movernos; y lo que más me gusta es que nos muestra, de cierta manera, que seguimos vivos.

 Nuestra historia en este mundo es apenas un instante, un suspiro, un único latido, un verso del largo poema del cosmos. Los sueños superados, son como los viejos vagones de un tren que debe seguir en marcha, pesan pero ya no significan, están, aunque huecos.





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