domingo. 21.04.2024
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POESÍA

Tachas 564 • 6 • Manuel Parra Aguilar

Manuel Parra Aguilar

the sun spilled by the beach
Imagen generada por IA
Tachas 564 • 6 • Manuel Parra Aguilar

Detrás de la rambla
se elevaría la espuma sin
prisa. Detrás de la rambla
desangraría el sol derramado
por la playa, salitroso sol de
los muchachos, sol que rememoro cuando estoy acodada
en la arena. Voy hacia el
malecón entre todo lo ciego,
hacia el malecón, pienso.
Así cojo la piedra con intención de cargarme el cristal marino. No es hora de encender
las bujías, de ver la bitácora
sin ver no es la hora. No es
la hora en que todas las cosas
estén en los mismos sitios.
No es la hora de escuchar ni
de ver. No es hora de andar
por el barrio donde no hay
tiempo para morir, para vivir;
pues sencillamente en mi barrio
no hay tiempo para nada.
Queda lejos el mercado,
queda lejos la fábula de la
ostra y el arenque, atrás los
Amores de Casandra, lejos de
la hora y el silencio que se rinde cuando repito lo mismo como
quien quiere acordarse. Quedan
atrás las arterias de la vida
 en un olor a sangre seca.
Sé que la aguamala tardará
en llegar hasta el año siguiente
y que al venir su forma quemará como un fósforo,
arderá como tizón de leña.
Sé que será tarde para tocar
las olas. Voy hacia el malecón entre todo lo ciego,
hacia el malecón camino,
tropiezo: niños que chapotean en el agua, el sudor
pegajoso del cuerpo, el
olor a marihuana a las orillas del mundo, el mundo
lleno de ruidos y olas.
Tenía en su cubeta varios peces y nada en
verdad cambiaba. La
gran confusión se formó después: algunos
veraneantes lanzaron botellas al mar y esperaron
en vano al ahogado: mano rota en la tarde siniestra, el amor por la calavera,
el gusto por el milagro de
los peces.
Y eso es todo lo que quiero contar. Voy hacia el
malecón y atrás quedan
los borrachos a la altura
del conflicto. Sé de la
profundidad del agua, 
el deglutir su caricia,
el sol que arde en la piel
como una herida abierta,
salitroso sol de los muchachos. Sé del color de unos
ojos clavados en anzuelos,
sé de la red y su movimiento.
Esperaban sus pies el lugar
exacto para derrumbarse,
esperaban sus orejas el lugar
exacto para cambiar de estación
la radio, para dejar la cicatriz.
La gran confusión vino después.
Voy hacia el malecón entre todo
lo ciego. Casas derrumbadas,
paredes aún sin construir,
el espantoso olor de calamares,
la pólvora de cohetes, este
estornudo que sacude el cuerpo.
¿Y las risas, las muchachas sujetas al poema? Voy hacia
el malecón, avanzo. Queda
sobre la arena el golpeado
plato de bronce, la luna
de día en la tarraya y el
agua que la contiene,
atrás el café de mercado
donde habita el cangrejo,
la bitácora del naufragio,
terminada la veda del camarón, abierta la temporada
pesquera, soltadas las amarras
y la quilla para que lo sepas,
alguna nube mar adentro,
algunas gotas de sal en
los pulmones porque aquí
se está a la deriva de modo distinto. Sé de la naranja repartida
en gajos, sé del caracol clavado en la ribera, sé de
los collares atados en el cuello,
sé de la pulpa de melón y el estarse alerta de mil pájaros redondos,
sé de la estrella de mar y la rugosa
piedra que levanto. No es la
hora de ir al tanteo, no es
hora de permanecer bajo los
árboles, de sentarse en la acera
no es la hora. No tiene ojos el mar,
ni manto, ni bóveda, no es un
pozo vacío el mar, no tiene
grietas, no puede ser bueno ni despiadado; el mar
no cae, el mar no despierta. Sólo queda el mar
y el sonido permanece.
Tenían sus manos el sabañón y el reuma, la estación
de radio no cambió. Tenían
sus uñas la sangre de los peces,
el papel arroz para la marihuana.
Y eso es todo lo que quiero contar
detrás de la rambla, detrás del
salitroso sol de los muchachos,
sol que rememoro cuando estoy acodada en la arena.






***
Manuel Parra Aguilar (Hermosillo, Sonora). Ha sido merecedor del Premio Internacional de Poesía Oliverio Girondo 2005, organizado por la Sociedad Argentina de Escritores, SADE; del XIII Premio Nacional de Poesía Tintanueva; del premio del Concurso del Libro Sonorense y del XII Premio Nacional de Poesía Alonso Vidal. Es autor del libro de cuentos Contrataciones (JUS, 2009) y de los libros de poemas Más le valiera morir (Rivas Hernández Editores, 2009) En el estudio (Tintanueva, 2011) Manual del mecánico (VOX, Argentina, 2012) Pertenencias (Mantis, 2014) y Portuaria (Instituto Sonorense de Cultura, 2014).



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