DISFRUTES COTIDIANOS
Tachas 659 • Discos 1975 [V]: Vertientes del rock • Fernando Cuevas
Encontrándose con el country y el folk, el naciente punk, el pop y el soul, el blues, el hard y el R&B y hasta de aliento arty y musical, 30 discos que cumplieron el medio siglo de vida.
Horses fue uno de los debuts femeninos más importantes de la historia: Patti Smith puso su poética contestataria al servicio de composiciones crudas, de sustrato punketo y estructura armónica directa y sencilla, dejando que el poder de la palabra invadiera esta vital carta de presentación. Mientras tanto, Fleetwood Mac se reconfiguraba con la inclusión ya en forma de la dupla Nicks/Buckingham, que junto con Christie y John McVie y Mick Fleetwood llegaron a otros tipos de audiencias con el homónimo Fleetwood Mac, como para enfatizar el sentido de pertenencia: ahí está esparcido el brillante poprock de amplio espectro con esencias folkies que llegó para quedarse, como el vuelo de The Eagles hacia territorios más cercanos al rockpop, aún con aliento country, aterrizado en One of These Nights, acaso buscando el límite.
Un silbido relajado es interrumpido por un claxon para dar pie a una suave guitarra y formular una pregunta esencial y anticipatoria con cierto cinismo: Crisis? What Crisis? sirvió de título para el cuarto álbum de Supertramp con la reconocible capacidad melódica e instrumental, entre ecos de religiosidad culposa y lances de romanticismo perdido durante un día normal de algún pobre pecador o una dama en busca del significado para buscar comunidad: quizá el disco en el que mejor convivieron Hodgson y Davies. Con título de película de los hermanos Marx, Night at the Opera, cuarto álbum de Queen en el que todos los miembros colaboraron con al menos una canción, los lanzó en definitiva al estrellato, con ese hard rock por completo pegadizo que se alimentó de una vertiente bombástica con Bohemian Rhapsody como punta operística de lanza, acompañada con algunos pasajes de sentimiento a flor de piel.
Mientras tanto, Roxy Music aprovechaba los influjos del dancepop y, con toques de soul revestidos con traje de brillo sofisticado, produjeron Siren, quinto disco de una suave fluidez que se asoma a un mundo de amores extraviados cual canto hipnótico que se desvanece ante los oídos cubiertos de cera; Phil Manzanera, de paso, grabó su debut en solitario al que tituló Diamond Head y encabezó el proyecto Quiet Sun para entregar Mainstream, su único álbum bajo este apelativo, insertando apuntes jazzeros en el luminoso astro progresivo Mutando al soul de plástico, como el propio David Bowie lo definió, firmó su octava grabación, Young Americans, salpicada de funk a partir del reconocible glampop que ahora se inserta en la orientación estilística de las canciones con residencia en Filadelfia.
The Who se aventuró con un par de obras: la ópera rock Tommy y el más introspectivo The Who By Numbers, entre crisis existenciales y referencias sexuales con algún elemento country y la participación en el piano de Nicky Hopkins. Led Zeppelin publicó su sexto disco, Physical Graffiti, todo un encuentro del rock con variantes como el funk, el tono orquestal, la progresión y la consabida espesura envuelta en psicodelia, ahora conviviendo con momentos más soft: disco que continuó con la impecable trayectoria de la mítica banda. Titulado acorde con las dificultades legales, Sabotage representó el final de una incombustible etapa de Black Sabbath, integrando lances experimentales que horadaban el cielo, entre el acostumbrado poder cochambroso y la megalomanía cual síntoma del universo. The Dictators se presentaron con el desenfadado Go Girl Crazy!, salpicado de protopunk y en cierto sentido anticipatorio del movimiento que estallaría un par de años después: rock directo con letrística franca, epidérmica.
Rod Stewart nos llevaba de paseo por el ese océano que separa América y Europa con sus acentos poprock, cierta rítmica de R&B y memorables baladas en Atlantic Crossing, su sexto álbum en solitario. Y firmado por Richard O’Brien, Tim Curry, Susan Sarandon & Barry Bostwick, se presentó el soundtrack vuelto de culto The Horror Rocky Picture Show: Absolute Treasures, cargado de energía y desfachatez con ecos de glam, rockabilly y el sabor del musical, también nutrido por un joven Meat Loaf y Tim Curry, entre otros.Tras bajarse del avión, Slick, Kantner y Balin, bajo el nombre de Jefferson Starship y con el apoyo de otros colegas, confeccionaron el multiventas Red Octopus, entre baladas percusivas, canciones de amores y hasta un poco de toque cienciaficcional, con el reconocible toque psicodélico, también presente en el elaborado y ecléctico Blues for Allah, en el que Grateful Dead recurren al espíritu de medio oriente para insuflar su jazzrock por momentos de lance experimental, rompiendo métricas y patrones: octavo álbum vuelto uno de sus grandes logros.
Toys in the Attic, tercer lance de Aerosmith, los confirmó como un referente en el ámbito del hard rock barnizado con un blues que se moviliza de las emociones dulces a caminar por por la ruta guitarrera cargada de riffs e impulsos desatados, sin dejar de lado su parte pegajosamente melódica. Mientras tanto, Kiss logró capturar su energía escénica y parafernalia en Alive!, uno de los clásicos discos en vivo, como vital resultó Fighting, obra de los irlandeses de Thin Lizzy, nutridos por guitarras incandescentes que varían la velocidad según la intención rítmica y la historia de héroes o delincuentes en fuga que habitan en estas piezas de rock con florituras celtas y un toque de R&B. Alice Cooper nos hizo una de esas invitaciones que no se pueden rechazar, con todo y bienvenida siniestra, en forma de hard rock salpicado de blues, firmada como Welcome to My Nightmare, en tanto unos jovencísimos australianos conocidos como AC/DC, preparaban su explosivo hard a través de T.N.T. que incluyó una versión de Chuck Berry.
Con algunos cambios de alineación, la Electric Light Orchestra continuó su travesía iluminadora con Face the Music, quinto álbum en el que enfatizaron el pop orquestal como una manera de enfrentar su futuro, aún conservando los lances progresivos característicos. El cuarteto ABBA, conformado por dos matrimonios suecos, se volvió global con su logrado tercer disco, el homónimo ABBA, construido a partir de un pop cargado de emociones que crecería a lo largo del tiempo para volverse referente ineludible. Mamma Mia y SOS anunciaban rupturas acaso irreparables. Main Course fue el decimotercer disco de Bee Gees, en el que trataron de volver con fuerza tras un periodo complicado, conservando la esencia de su sonido pero ahora incursionando con mayor énfasis en un R&B que se integra a sus acostumbrados juegos vocales y rítmica irresistible. Las hermanas de Seattle Ann y Nancy Wilson se presentaron en sociedad bajo el nombre de Heart con Dreamboat Annie, integrando con soltura hard, folk y pop.
Steely Dan entregó Katy Lied, su cuarto álbum consecutivo de impecable manufactura, alimentado por el reconocible y envolvente jazzrock, salpicado con un pop elegante y de distinguida hechura, y desplegando letras sugerentes, ahora apoyadas por los coros de McDonald, en tanto Gary Stewart, uno de los principales representantes del honky-tonk, entregó el doloroso Out of Hand, empapado de alcohol, música de raíces y enfáticos acentos country. Dion, por su parte, presentó Born to Be With You, rockpop con apuntes country de nutrida instrumentación y arreglos efervescentes, cortesía de la genial y errática, a la vez, producción de Phil Spector que ensancha el sonido y el canto del ex ídolo adolescente de Dion and The Belmonts, ya convertido en cronista de su propia sobrevivencia a las adicciones y al sinsentido. Daryl Hall & John Oates continuaron su línea soulera bien insertada en su rock pop a través de su cuarta obra, el ídem Daryl Hall & John Oates, con toda y su portada metálica.