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NARRATIVA

Tachas 662 • Macho y hembra los creó • Daína Chaviano

Imagen generada con IA de Adobe Firefly
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Tachas 662 • Macho y hembra los creó • Daína Chaviano

CAPÍTULO 1

Compadre, mira que hace tiempo… Si mal no recuerdo fue en el puente del Cubanaleco, casi unos chamacos todavía, yéndonos a ver a las niñas que paseaban por la playa. Qué gozadera aquélla. Todavía no sé cómo terminé la secundaria, ni el pre. Al viejo le dio un ataque cuando le dije que se olvidara de la universidad y de la carrera de medicina. ¡Qué va, mi socio! No iba a poder con ese queme. Además, lo mío fue siempre la pintura. No quiero contarte la que se armó. Imagínate: un hijo artista. Mi viejo gritando cojones y maricones que volaban por el apartamento, y la vieja corriendo detrás, cerrando las ventanas para que los vecinos no se enteraran. Tremenda escenita. A esa hora en que hay tanta bulla, se hizo un silencio de muerte en el barrio; me imagino que todos estaban con la oreja pegada a la pared para oír el escándalo. Pero valió la pena. Si no hubiera estudiado pintura, ahora andaría trabajando doce horas diarias en un hospital lleno de cucarachas, y ganando unos miserables pesos que no alcanzan para vivir. Además, compadre, yo quería divertirme y, además, tener tiempo para las ninfas… ¿Te acuerdas? «Viejo sátiro enclenque que a las ninfas vigilas…» Y te digo, no hay mejor sitio para empatarse con una hembra de maravilla que una escuela de arte. Si me hubiera imaginado que nada de eso iba a repetirse, lo hubiera disfrutado el doble… Es que la vida te hace cada mierda… Estudias como un burro, trabajas como un imbécil, y cuando crees que puedes sentarte a vivir de verdad, ahí mismo aparece algo que te desgracia la existencia. Claro, en mi caso no fue una sola cosa, sino un burujón, pero la principal de todas fue Claudia. Vine a empatarme con ella cuando estudiaba pintura. O mejor dicho, la vi por primera vez en esa época. En realidad nos hicimos novios después que me botaron de la escuela por el lío aquel del panfleto. Sacaron a un montón de gente, pero ésa es una historia que te contaré en otro momento… Claudia es lo que me tiene reventao ahora. Nunca conocí a una tipa como ella: era más rara que un cementerio al mediodía. Por eso me embarqué. Me enamoré como un idiota. De no haber sido como era, a lo mejor me habría acostado con ella un par de veces y luego si-te-veo-no-me-acuerdo. Pero no. Tuve que fijarme en la tipa más intrigante que se cruzó por mi camino. Yo creo que me amarró. Algún trabajito debió de hacerme. No es que la sorprendiera en algo sospechoso; nunca vi que anduviera en brujerías ni nada de eso, pero en este país uno nunca sabe con las mujeres. Te lo digo por experiencia: no hay que fiarse de ninguna, por muy graduada universitaria que sea. Porque, eso sí, mucho estudio que tenía, mucha historia del arte y mucho marxismo, pero ésa era más espiritista que Allan Kardec. Así mismo como te lo cuento. Siempre estaba viendo cosas que nadie más veía… No, no estaba loca ni histérica. Era la mujer perfecta: una dama en el salón, una reina en la cocina y una puta en la cama. Y digo puta con cariño, en el buen sentido de la palabra. Era ese tipo de putas que enternecen porque son tan ingenuas que cualquiera les hace un cuento y se lo creen, no por brutas, sino por nobles. Para colmo, podías hablar con ella de todo. Y cuando te decía algo, ponle el cuño que pasaba. Era un horóscopo ambulante. Te lo estoy diciendo, compadre, la mujer ideal. ¿Que si era virgen cuando la conocí? ¿Estás loco? Ella no andaba pensando en esas come-mierderías. Además, las vírgenes te las regalo: ésas sí son una complicación. Y mientras más años tengan, peor. Se traumatizan con uno, crean responsabilidades, te exigen, y terminas con ellas en un psiquiatra. ¡Qué va, mi hermano! Yo no estoy para eso… Bueno, las otras también son una complicación, pero en otro sentido. Chico, ¿qué quieres que te diga? Todas son un dolor de cabeza. Aunque, la verdad, Claudia le gana al resto. ¡Tremendo embarque que me di con esa jeva!… Está bien, te lo contaré por partes; pero tengo que empezar desde el principio porque ya te dije que no era una tipa común, y explicar eso lleva tiempo. ¿Un café? No me vendría mal. Creo que a dos cuadras hay un sitio.

Fragmento del libro El hombre, la hembra y el hambre. Daína Chaviano. Recorded Books, Inc. 2008. Publicado con autorización de sus editores.  




 

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Daína Chaviano (Habana, Cuba, 1957) es considerada una de las escritoras más importantes de la literatura fantástica en Hispanoamérica. Ha publicado varios libros de narrativa para público juvenil y adulto. Ha obtenido el Premio Anna Seghers 1990 (Alemania, Academia de Artes de Berlín) y el Premio Azorín de Novela 1998 (España). En 2003 fue la Invitada de Honor al 25º Congreso del Arte Fantástico que se celebra anualmente en Estados Unidos. Sus obras han sido traducidas a casi treinta idiomas.






 

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