POESÍA
Tachas 664 • El ejército de las calamidades • Antarah ibn Shaddad
Me veo cada día en hastío de mi tiempo,
de lejos, de cerca, quiere envilecerme
y me rodea de un ejército de calamidades,
nada más verme, como si yo
hubiera crecido y mi cabeza encanecido,
menguara mi resolución, se me agrietara la razón.
¿Acaso no, tiempo, mi hoy es ayer,
y he crecido en respeto ante quien me ve?
¡A cuánto afligido despojé de su aflicción,
al ser invocado, con un tajo de mi espada!
Me llamaron y, por el trote del caballo,
no supe si lo hacían por nombre o por apodo.
No evité escuchar cuando me invocó,
sino que mi lengua fue concisa con él.
Separé las huestes a la fuerza con un golpe
más fulgurante que el de una espada yemení,
y no bien dije ¡aquí estoy! cuando mi espada y lanza
en el fragor de la lucha, eran sendos corceles parejos.
Y esta es la respuesta que le di:
dirigí hacia él mis riendas sumisas
acompañado de una lanza suave y morena de Al Jatt,
y de una espada tajadora de hierro yemení durísimo.
¡Cuántos rivales abandoné sobre el campo de batalla,
surcados por los regueros púrpuras de la sangre!
Dejé a las carroñeras expectantes a su alrededor,
abalanzadas con el trote de las doncellas,
cuando corren hacia una procesión nupcial.
Solo les impedía cebarse en aquellos despojos
una mano o un pie aún con vida, que las rechazaba.
Y no menguó el duro batallar mis energías,
sino tan solo el largo rato transcurrido.
Me acerqué a la muerte a bulto,
como se aproxima el valiente al cobarde.
Ahora saben los Banu Abs que soy más servicial
cuando soy llamado al combate, y que la muerte
obedece a mi mano, cuando hacía ella dirijo
su índice con mi afilada espada india.
Traducción de Josefina Veglison Elías de Molins.
***
Antarah ibn Shaddad (Arabia Saudita, 525 - 608) nació en el siglo VI d.C. en la tribu de los Banu Abs, una de las más poderosas de Arabia. Su padre era Shaddad, un noble y guerrero de la tribu, y su madre era Zabiba, una esclava etíope que había sido capturada en una incursión. Debido a su origen materno, Antarah también nació esclavo, y sufrió el desprecio y la discriminación de sus parientes y compañeros. Sin embargo, desde pequeño demostró un gran valor en la batalla y una habilidad excepcional en la equitación, lo que le valió el respeto y la admiración de algunos de sus allegados.
Su padre, que reconoció su talento y su coraje, lo liberó de la esclavitud y lo aceptó como hijo legítimo. Antarah se convirtió así en un miembro de pleno derecho de la tribu, y participó en numerosas guerras y expediciones contra otras tribus rivales. Su fama de guerrero se extendió por toda Arabia, y se le conocía por su fuerza, su destreza y su lealtad.
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