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CON EL DESARMADOR EN LA MANO

Los zapatos rotos, de Natalia Ginzburg

Esteban Castorena Domínguez

Los zapatos rotos - Ilustración, Lore Mondragón
Los zapatos rotos - Ilustración, Lore Mondragón
Los zapatos rotos, de Natalia Ginzburg

 

No es fortuito que muchos autores consideren el periodismo como una escuela de escritura. La redacción constante de textos para periódicos y revistas ayudan a la formación de un autor pues forjan la disciplina de la escritura como trabajo, una escritura hecha conscientemente y con oficio. Contribuye también a la exploración de diversos temas y, poco a poco, abonan para que un escritor encuentre una voz propia. Este tipo de textos, hechos por encargo de una publicación periódica o por la necesidad económica de un autor, suelen recibir el nombre de “escritos de ocasión”.

Que se escriba en medio de la premura y de la necesidad, así como que el medio de difusión del texto sea entre una páginas destinadas a un formato periódico cuya vida útil es mucho más corta que la de un libro, reduce el interés que existe sobre los textos de ocasión de un escritor. Sólo cuando un autor logra cierto prestigio y notoriedad entre los lectores, entonces los ojos se vuelven a esos textos misceláneos.

En 1962 la editorial Einaudi decidió reunir y publicar, bajo el título de Las pequeñas virtudes, 11 relatos que Natalia Ginzburg escribió en un periodo de casi 20 años para revistas y diarios. Esta antología ofrece una panorámica del trabajo de una autora que hoy día está considerada como uno de los pilares de la literatura italiana de la segunda mitad del siglo XX. Entre sus páginas se veía ya, desde los textos escritos durante su juventud en plena guerra, cómo Natalia era capaz de realizar un atento análisis de los círculos familiares y cómo lograba construir una poética entorno a la vida cotidiana.

Es necesario decir que estos once textos, ofrecidos al lector como cuentos para satisfacer una necesidad de catalogación, son en realidad escritos híbridos que van de lo narrativo a lo ensayístico y de la memoria autobiográfica a lo testimonial. El texto más famoso de esta antología, que además sirve como gran referente para ilustrar el intimismo que se encuentra en el trabajo de Ginzburg, es sin duda alguna el “Retrato de un amigo”. Un texto en el que la autora presenta un sentido homenaje a Cesare Pavese, ex editor de Einaudi, escritor y mentor de Natalia en asuntos de edición, traducción y escritura.

Los zapatos rotos, por otro lado, es uno de los textos más tempranos de la autora. Escrito durante una estancia en Roma en 1945, Natalia ofrece un retrato íntimo de las circunstancias en las que se vivieron en la segunda guerra mundial. Narrado en primera persona y desde una perspectiva autobiográfica, el "relato" empieza de una manera peculiar. Afirma que ella y su compañera de piso tienen los zapatos rotos, sin embargo, el comentario que sigue a tal aseveración no se decanta por acentuar las dificultades económicas que envuelven al acontecimiento. En su lugar, Ginzburg asume un tono de esperanza, imagina lo que probablemente le deparará el futuro, se pregunta qué zapatos podrá tener cuando sea una escritora vieja y famosa.

Si el párrafo inicial habla del futuro, el siguiente vuelve a dos momentos del pasado. El primero lleva al lector a momentos en el que el calzado de la autora era sólido, los días en que su madre se encargaba de que Natalia tuviera los pies los días de lluvia. Luego contrasta esos zapatos de la infancia con otro par que tuvo en su primera estancia en la capital italiana mientras estaba ocupada por los alemanes. Ese par de zapatos, estaban verdaderamente rotos. La suela era delgada y sentía las piedras en mientras caminaba por la calle. “Es por eso que incluso ahora uso siempre los zapatos rotos, porque me acuerdo de aquel par y entonces los que llevo ahora no me parecen tan rotos luego de compararlos, además, si tengo dinero prefiero gastarlo en otras cosas, porque los zapatos ya no me parecen algo tan esencial”.

El calzado se vuelve una sinécdoque del bienestar del ser humano y dan pie para una reflexión sobre los placeres y las necesidades en determinados momentos de la vida. Los juegos entre el pasado, el presente y el futuro funcionan como un contrapunto que va dotando de carga simbólica a los zapatos. Para la autora los momentos de carencia y los momentos de bonanza son transitorios, pero aquellos en los que la carencia se demuestra con mayor crudeza sirven para revalorar lo que se considera como bonanza. Hay un dejo moral en el texto, sin embargo, éste no se siente como un escrito para aleccionar. Se percibe la reflexión sincera de una mujer a la que la guerra le ha pegado con fuerza. Cabe decir que, en Las pequeñas virtudes, el texto que antecede a Los zapatos rotos es un retrato del primer esposo de la autora, Leone Ginzburg, un intelectual antifascista al que la Gestapo apresó, torturó y asesinó en febrero de 1944, menos de un año antes de la escritura del texto sobre calzado

Además del apellido Ginzburg, del primer matrimonio a la autora le quedaron sus tres hijos. Estos también entran en juego para la construcción de su relato-ensayo-biografía. Natalia y su compañera de piso suelen imaginar que los hijos de la primera se casan con los sobrinos de la segunda. Estas conversaciones acentúan el optimismo hacia el porvenir que ya se anuncia desde los primeros párrafos. Sin embargo, también sirven para que la autora empatice con la figura de su madre, con la figura de un ser protector que, en los momentos de carencia, intenta, de cualquier forma, que esta afecte a los suyos. En ese intento es que la propia Natalia deja a sus hijos con su madre, está lejos de ellos porque sabe que con la abuela ellos tendrán un par de zapatos sólidos para que les protejan los pies.

 

Si quieres leer el texto, lo encuentras aquí.

 

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