GLOSA
Tachas 522 • Espectros y narraciones • Omar de Felipe
Omar de Felipe
Los ingrávidos, Valeria Luiselli, Editorial Sexto Piso, primera edición 2011
Encuentro que el rescate de la memoria, sobre todo para emigrados, resulta en un cúmulo de contradicciones y delirios. En Los emigrados, Sebald explora la desazón que abate a cuatro alemanes que han abandonado su país de origen, mientras este intenta rescatar el pasado de cada uno de ellos. Una melancolía ininteligible: alguno de ellos, en una costa de Estados Unidos, confiesa que aquél lugar “makes me feel that I am long way away, though I never quite know from where”.
Los ingrávidos de Valeria Luiselli utiliza como base ese mismo sentido espectral de existencia para sondear el pasado de dos vidas en Nueva York. La primera es la vida de una mujer, sin nombre, editora obsesionada con rescatar al autor Gilberto Owen. La segunda, la de este mismo autor, mientras se enfrenta al ocaso de su propia vida. Ambos mexicanos, ambos narradores, su pasado transcurre en un tiempo fracturado, donde los años veinte se cruzan con un decenio contemporáneo. Así, Gilberto Owen es capaz de observar, en el subway de Nueva York, el “fantasma” de aquella mujer editora, y viceversa. La narración de ambos es salteada, mientras dibujan el panorama cosmopolita de la clase media artística en Nueva York.
La autoconciencia de la obra, un texto que sabe que está siendo escrito, permite vertientes interesantes para su exploración. Es el caso para la obra de Luiselli, pues existe una tensión entre la narradora y la historia que se enuncia. Por ejemplo, la narradora es observada a la par que detalla, ahora ya en familia, su vida como editora en Nueva York, y los problemas conyugales que tiene con su marido actual. Este último, al inicio un personaje en otro nivel de la narración, reacciona a la narración de su esposa redacta, a veces obedeciendo lo que ella narra de él, a veces cuestionándolo. De esta manera, el esposo pasa a formar parte del universo diegético de Los ingrávidos, donde el pasado de la narradora y la vida de Gilberto Owen conviven. Es un recurso ya utilizado, como lo hace Vonnegut en Matadero Cinco, donde el autor figura como parte de la misma obra como narrador, al mismo tiempo que se distancia de los hechos tan inverosímiles que propone el texto. La diferencia en el utilización de este recurso por parte de la autora reside en la constante observación de la editora, cuya narración pasa a afectar de manera irreversible su presente, falsamente alejado de su pasado en Nueva York
Unido a la autoconciencia de Los ingrávidos, la novela se propone, no como una novela fragmentaria, sino con cualidades verticales y/o horizontales. Ciertamente es un riesgo nombrarse a sí mismo en esta autoconciencia, pues permite al lector, en caso de que no sea concuerde con la lectura propuesta, contradecirla rápidamente. Al menos, eso sucedió en mi caso. Hay en definitiva una circularidad en la obra, donde la voz de la editora se comienza a desvanecer y la rellena la voz de Owen, donde sucesos que posiblemente hayan sido calificados como inconexos en la vida de la primera toman su correspondiente relevancia al explorar la vida del segundo. El número de mascotas, ciertos insectos en el hogar dejan de ser triviales conforme se llega a esa circularidad. Dado lo anterior, me parece difícil atribuir esas cualidades lineales a la obra. ¿O acaso, cuando se nombra a sí misma como “novela horizontal, contada verticalmente”, se pretendía el trazo de un círculo? Sería un long shot, y en cualquier caso demasiado obtuso.
Volviendo a lo espectral de la obra, si bien el leit motiv fantasmal funciona como un anclaje para la atmósfera de la novela, existe un claro intento de desacralizar a la narración misma de los personajes. En algún fragmento, uno de los narradores medita sobre la misma historia que enuncia, y dice: “Seguir la línea de una historia, como la línea del culito de un niño ecuatoriano que después fue detective en Harlem”. También se puede incluir las aportaciones de los hijos de la editora, que son sencillamente divertidos, ingeniosos. Quizás por la pura diversión que aportan es difícil evaluar qué tan justificada es la presencia de este tipo de anotaciones en el texto. Las observaciones anteriores no restan relevancia a la obra de Luiseli. Los ingrávidos presentan una versión contemporánea de la nostalgia que difícilmente no se podría disfrutar.
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Omar de Felipe Solís (Orizaba, 1997), licenciado en ingeniería en computación y sistemas en UPAEP. Ha publicado ficción en la revista Mula Blanca, en el suplemento cultural El Confabulario de El Universal. Cuenta además con reseñas en El Popular de Puebla, el portal Pez Banana y una publicación en Rio Grande Review, journal de arte contemporáneo de la University of Texas at El Paso.