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Tachas 571 • Noches de jazz (y otros sonidos) en León • Fernando Cuevas

Fernando Cuevas

Hela San
Hela San
Tachas 571 • Noches de jazz (y otros sonidos) en León • Fernando Cuevas

En estos días se presentaron tres propuestas que combinan estilos con más o menos énfasis en el jazz y el pop, según el caso, desplegadas en el espacio del jardín de las Esculturas del Forum Cultural Guanajuato. Alternativas relevantes que le dan vida a nuestra ciudad a partir de manifestaciones sonoras de cuidadosa elaboración.

La cantautora tapatía Hela San se mueve por los terrenos del dreampop con influjos del folk, el synthpop y ciertos elementos del trip-hop con influencia de Beth Gibbons, buscando la iluminación entre ambientes a media luz. Formó parte del dueto Leontine, junto con Rodrigo Barbosa, a través del cual publicaron The Tide (2015). Ya en solitario, presentó el EP Humana (2020), desarrollado a partir de discretas instrumentaciones acústicas con toques electrónicos que acompañan la envolvente vocal cual trueno en el cielo, vuelta vendaval en pleno temporal: reconocer la propia humanidad cambiante a partir de metáforas vinculadas a la naturaleza. 

En un texto de David Cortés, comentó: “...cada canción tiene su propio ritmo. Tengo siempre a la mano varios libros de poesía de autores que me inspiran y los consulto todo el tiempo mientras compongo, me ayudan a crear imágenes que después se convierten en frases. Trato de terminarla y estar contenta con lo que estoy diciendo… lo más importante para mí es darme la oportunidad de expresarme sin prejuicios, de enfrentarme con las distintas partes de mí misma (la luz y la oscuridad) y compartirlas en forma de canciones, compartir mi visión del mundo de esa forma” (en Nexos, noviembre, 2020).

Su primer largo, La sangre (2021), está integrado por 12 composiciones y transcurre en similar tesitura que su trabajo previo, con una vocal más expansiva, armonías con elaboraciones detalladas y mayores riesgos estilísticos, como se deja escuchar en la canción titular, alrededor de la creación de vínculos afectivos, en la reflexiva Soledad, en la tribal De mi lado y en Ave de paso, con todo y la dificultad de la permanencia, además de cantar en inglés (Light BreaksLet GoYoungThunder y Once) con toques de neo soul y melancolía, y scratchear por las cascadas de teclados en Tan lejos. Tras el álbum en vivo Todo arde (2022), publicó en el 2023 el sencillo Days of Heaven, junto con Möe González, como si se tratara de un viaje sostenido por cuerdas para atravesar nubes iridiscentes. 

Por su parte, la reconocida cantante Jaramar se presentó con Daniel López y Eliud Hernández bajo el nombre de Caída Libre, proyecto que grabó el atrevido Wait for the Rain (2015), integrado por standards de la música popular estadounidense como The Man I LoveAmazing Grace y Funny Valentine, entre otras, así como de autores como Gershwin, Monk y Bill Withers, y de colegas del tamaño de Etta James, Billie Holiday, Judy Garland y Audrey Hepburn; también se integran a la sesión puntales de la chanson como Brel, Gainsbourg y Piaf. La vocal de la intérprete mexicana se desliza a través de versátiles fraseos llenos de sentimiento, acompañada por la elasticidad sonora de sus compañeros, sosteniendo las armonías con discreción atmosférica. 

Sináptrico, en tanto, es un trío irapuatense que se mueve en los territorios del postbop jazzero con visitas al free, la experimentación y la fusión; está integrado por Diego Salas en el saxofón, Rodrigo Mata en el contrabajo y Daniel Escorza en la batería. Su tendencia estilística se advierte desde la sinuosa Tierra modal, el primer corte del extenso Sináptrico (2023), su álbum homónimo que a lo largo de siete piezas nos lleva del vértigo al mundo de los sueños, pasando por hipnóticas sensaciones subacuáticas, todo a través de una síncopa aventurera entre conversaciones rítmicas que buscan la ruptura para reencontrarse en osadas armonías hasta encontrar cierta calma en los arcos de tus manos. 

Sin perder impulso y siguiendo con las conexiones cerebrales en plena fluidez, produjeron Remolino (2024), también integrado por siete cortes que apuntan más hacia una línea experimental con un saxofón en efecto ubicuo, seguido por espaciados apuntes del bajo e incursiones libérrimas de la batería, acaso buscando esa deseada catarsis que se puede encontrar en los momentos de mayor turbulencia, seguidos de aparente calma a punto de trastocarse por iluminaciones al revés.


 

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